martes, 12 de junio de 2007

Un domingo de Tantos:




En un punto llegó a creer que había pasado el vendaval
(por lo menos, la ropa completamente mojada y el frío que sentía hasta en la conciencia, le hacia creer que así era). Nunca lograba entender a la naturaleza, igual que jamás entendería aquello del vuelo de los aviones; tenias que ver la fascinación con que contemplaba cada despegue y aterrizaje en el pequeño aeropuerto del pueblo, a donde iba a pasar horas enteras en un pequeño alto, al final de la única pista del destartalado puerto de aviones.

El punto es que al final del aguacero, logro reunir fuerzas suficientes para dirigirse despacio a la plaza mayor del pueblo (titulo grandilocuente con que el pequeño enjambre de gentes denominaba al diminuto parque que dividía al poblado en cuatro puntos cardinales.) Al llegar, se encontró de nuevo, tan sola, como cada domingo. Todos los nacidos y criados en esa tierra olvidada, se apretujaban como podían, en las cuatro paredes que con orgullo irracional llamaban iglesia, para luego dirigirse con costumbre cronométrica al llano detrás de la parroquia, para dar rienda suelta a la pereza de los mas viejos, a las energías de los mas jóvenes y a la imaginación de las maduras y multicurvas mujeres del lugar.

El punto es que no lo pensó dos veces. En el centro de la plaza mayor, se despojó de todas sus húmedas ropas, si.. todas. Mientras lo hacia, una sonrisa indescriptible se dibujaba en su rostro, bañando de felicidad hasta el polvo que se levantaba incrédulo. No importa, decía, de igual manera ya me ataron de pies a cabezas (alas incluidas) antes de nacer... Hoy culminara la historia de esta que dicen que ya no entiende las cosas del mundo.

Tomó una ramita de paja que se había ahogado en su pelo en su viaje de regreso de las casas de los aviones, la colocó en las comisuras de los labios y posó su exquisito y desnudo cuerpo (solo alterado por unas espectaculares pecas en los hombros y hasta el centro del pecho) en la fuente sin agua y con estatua de cupido en franco deterioro.

Es posible que alguien, al regresa por el lado sur del camino principal, logre reírse de esta broma? mientras esto analizaba con total desesprendimiento del pudor pueblerino, comenzó a escuchar los primeros ruidos de sus vecinos, precedidos de los gritos y chirridos de los mas pequeños... ( de haber tenido algo de ropa, me hubiese arreglado los bordes de las mangas y el cuello, reía para sí)

El punto es que, ellos se acercaban a lo lejos, satisfechos y ella les esperaba con los brazos abiertos... divertida.

El punto es que, amiga del paso veloz del tiempo, solo esperaba encontrarse con sus caras, pasmarlos una vez mas (llevándose de paso sus peores pensamientos) y regresar al pequeño alto y no perder la puntual legado del avión correo (ese que nunca trae nada para ella, pero tiene esos colores tan brillantes y llamativos..).....

El punto es que de ser ella.... ellos no tendrían la necesidad de aglomerarse domingo tras domingo en frente del cura que huele demasiado a vino, y pedir perdón por sus pecados...



Y no había pasado. El vendaval solo aminoró su
fuerza convirtiéndose por unas horas en una fina capa de gotas tristes.

Una vez la multitud se acercaba percatándose de aquella escena, como extraída de un cuadro griego, las gentes comenzaron a reacción de mil formas y tonos diferentes. No faltaron los desmayos afligidos de las mas antiguas, los gritos histéricos de las jóvenes, quienes a la vista de aquel tierno e impecable cuerpo (su cabellera en rizos caía como remolinos impetuosos sobre sus pechos amelocotonados, en un vaivén que por momentos los cubría acariciándole los pezones y a seguidas los descubría mostrando aquellos perfectos senos erectos por el roce del pelo y la fina capa de lluvia) gritaban como desquiciadas mas llevadas por la envidia que por el asombro recibido.

Todos parecían dispuestos a terminar con aquella actitud desequilibrad de la joven. El cura, quien encabezaba el paso de la muchedumbre, se acercaba despreocupado, de la mano de un mozalbete cabizbajo (al que obligaba a llamar tío) logró reprimir un grito de asombro entre los dientes y la garganta a la vez que notaba como una leve calentura le subía de los pies a la parte céntrica de la cintura, apretando con mas fuerzas la pequeña mano del monaguillo. Esto debe terminar, gritó casi desgarrando el denso bullicio en que se había convertido el rumor de aquellos felices feligreses. De un jalón intentó llevar a la joven hacia la casa parroquial justo al frente de la fuente de la plaza mayor. La joven, como si no hubiese recibido la amenazante acción del cura, giró su brazo suavemente para librarse de las manos de aquel hombre. y dijo dulcemente.

Si loca estoy, como todos me han llamado desde pequeña, pues reclúyanme en el sanatorio, eso me haría feliz, pues allí puedo sentarme a escribir mis memorias. Hablaría de tantas cosas!, de como las mas jóvenes, a falta de varones que las complementen en numero y edad, se esconde detrás de los vagones sucios y oxidados del antiguo tren, para recibir y entregarse caricias no precisamente de amigas y colegialas. También, podría escribir hasta cansarme, sobre las incontables tardes en que los señores honorables de nuestro pueblo, reciben en sus despachos a jóvenes del pueblo vecino, a puertas cerradas y con pocas ropas, alegando que las ayudan con asignaciones del colegio (el cual les queda a estas alegres ninfas, a mas de 10 millas de distancia), colaboraciones benéficas a sus clubes de recreo y alguna que otra actividad de esparcimiento. O bien, puedo dedicar horas enteras a contar en mis jóvenes memorias, como las respetables señoras, reciben los sutiles favores de jóvenes en plena ebullición, quienes gentilmente se prestan a reparar puertezuelas, repisas y un sin fin de detalles que una y otra vez caen en desgracia en los hogares nuestros.

O mucho mejor.... pueden encerrarme allí, en nuestra respetada casa parroquial, y luego les relato en mi diario, como el padre casto, enseña a los jovencitos a descubrí sus cuerpos y extremidades, tocándolos ingenuamente mientras su mano derecha queda dentro de su negra y adusta sotana. También, si el tiempo me lo permite, puedo relatarles mil historias de como es posible intercambiar el perdón de pecados de nuestras puras jóvenes locales, por sencillos manoseos en el confesionario......

Como ven, estoy a su merced, dispuesta a curar esta locura que me agobia y no me permite llevar una vida normal como todos ustedes quieren, por mi bien....

en sus manos quedo...

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